Estamos viviendo tiempos de transición en la naturaleza, ya sea estemos en el hemisferio sur o en el hemisferio norte. Aquí –en el hemisferio sur– estamos transitando el Otoño, los días cada vez son más cortos y fríos, y las plantas nos anuncian esos cambios. Algunas cumplen su ciclo, otras entran en estado de latencia o descanso para guardar energía durante los días de Invierno. No es casualidad, por lo tanto, las fechas en las que ocurren las celebraciones y tradiciones. Estas están estrechamente relacionadas a los ciclos naturales, porque la humanidad siempre se ha organizado en torno a ellos. Sin embargo, en el hemisferio sur hemos adoptado tradiciones que celebramos de manera desfasada, según el calendario del hemisferio norte, debido a la colonización y las implicancias de vivir en un mundo globalizado.
Parte de volver a conectar con los ritmos naturales es entender y resignificar estas tradiciones acorde a nuestro propio contexto. En el hemisferio norte la Pascua –hablando más allá de la celebración Cristiana que por algo ocurre también en estas fechas– representa el renacer, la llegada de la primavera, el despertar de la naturaleza y la abundancia. El conejo o la liebre ha simbolizado ancestralmente la fertilidad en todo el mundo; con la llegada de la Primavera las gallinas empiezan a poner más huevos porque aumentan las horas de luz y sol.

Entonces, ¿cómo podemos resignificar estas fechas en el Hemisferio Sur sin dejar de celebrarlas? Acá estamos en la transición hacia el Otoño, por lo tanto la energía es completamente diferente. Sin embargo, no por eso debemos dejar de celebrar este renacer, especialmente si celebramos también la Resurrección de Jesús. Podemos verlo como un renacer interior, un momento de recogimiento, donde afuera todo parece morir, pero las plantas y el suelo guardan en su interior la fuerza para rebrotar en primavera. El huevo representa ese mensaje, la semilla que espera el nacimiento –o renacimiento–. La búsqueda de los huevitos es la búsqueda de esa luz interior, que dura hasta el Solsticio de Invierno, cuando el sol llega a su punto más lejano de la Tierra y comienza su camino de regreso.
Estas celebraciones más allá de las fechas nos invitan a conectarnos con lo que ocurre en la naturaleza y por lo tanto con nuestra alma, con nuestro ser, ya que somos parte de esa naturaleza, lo que ocurre afuera también ocurre en nuestro interior.

Por aquí estamos cosechando los últimos frutos de la huerta de verano –tomates, zanahorias, repollos, hojas verdes–, las últimas flores de la temporada –cosmos, tagetes, rudbeckia, statice–, guardando semillas, sacando lo que ya cumplió su ciclo para dejar espacio para lo nuevo. Ordenando, organizando, limpiando. Y sembrando hortalizas y flores de ciclo frío. Preservando las cosechas de la huerta y del bosque, deshidratando y fermentando. Agradeciendo toda la abundancia y cada momento de alegría al estar en contacto con la tierra.
Un abrazo
Sofía
2 comentarios
me inspiran a vivir
Qué lindo Sofi!!!… justo hoy me hacía esa pregunta, de cómo darle un significado más profundo al conejo de pascua desde este lado del mundo, o más que profundo, darle una explicación a mis hijas del sentido de esta celebración con algo que realmente me haga sentido a mi primero. La verdad no me acuerdo mucho de cómo se lo expliqué hace muchos años a la Violeta, pero hoy la Leonor con 5 años me hizo reflexionar en esto de nuevo. Me encantó leerte. Muchos cariños.